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27/03/2014 - Día mundial del teatro

Hoy es el Día Mundial del Teatro, y en Bambú queremos celebrarlo recomendando dos clásicos universales que, desde que se escribieron y estrenaron, no han dejado de representarse en todo el mundo. Se trata de Romeo y Julieta, de William Shakespeare, y El enfermo imaginario, de Molière.

 

Romeo y Julieta

 

Romeo y Julieta es una de las piezas teatrales más famosas, versionadas y representadas del teatro isabelino (2ª mitad del siglo XVI). Pero Shakespeare no se inventó la historia de los dos amantes adolescentes de Verona, sino que se inspiró en una leyenda italiana que ya desde el siglo XV había sido recogida por escrito por varios autores.

 

Romeo y Julieta

 

Cuando el amor se encarama a las ramas del destino no hay quien lo detenga. Él se llama Romeo, y es un Montesco; ella, Julieta, una Capuleto. Hijos de dos nobles familias rivales de la ciudad italiana de Verona, Julieta y Romeo no lo tienen nada fácil, pero saben que están hechos el uno para el otro. Esta verdad inexorable los ha convertido, con el beneplácito de la historia, en los amantes más célebres de la literatura universal.

 

El enfermo imaginario

 

El enfermo imaginario, de Jean-Baptiste Poquelin (llamado Molière) contiene, como todas las comedias del dramaturgo francés, muchos elementos que provienen de la farsa, como los disfraces, las tortas, las persecuciones y las repeticiones. También hay una figura recurrente de este género: la de la criada (Toinette) que todo lo enreda.

 

 

El pobre Argan está enfermo y pasa todo el día en cama, quejándose y pendiente de los remedios que le prescriben unos médicos más deseosos de ganar dinero a expensas de la enfermedad que de cortar de raíz sus causas.

 

 

En 1673 El enfermo imaginario se estaba representando por cuarta vez y el papel de Argan lo interpretaba el propio Molière. Al llegar al tercer acto, el actor y dramaturgo se sintió indispuesto y hubo que interrumpir la función; al cabo de poco tiempo moría en su casa. Sin duda Molière, al escribir esta obra, pretendía exorcizar sus enfermedades, y no provocarlas para que acabaran con él.

 

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